28 enero 2006

CASIDA DE LA MANO IMPOSIBLE


Yo no quiero más que una mano,
una mano herida, si es posible.
Yo no quiero más que una mano,
aunque pase mil noches sin lecho.

Sería un pálido lirio de cal,
sería una paloma amarrada a mi corazón,
sería el guardíán que en la noche de mi tránsito
prohibiera en absoluto la entrada a la luna.

Yo no quiero más que esa mano
para los diarios aceites
y la sábana blanca de mi agonía.
Yo no quiero más que esa mano
para tener un ala de mi muerte.

Lo demás todo pasa.
Rubor sin nombre ya, astro perpetuo.
Lo demás es lo otro; viento triste,
mientras las hojas huyen en bandadas.

Federico García Lorca

1 comentario:

Irene dijo...

Sigues decaidilla por lo que veo, venga mujer, anímate. Me da qué sé yo leer estos posts tan tristes y no poder hacer nada desde aquí para alegrarte un poquillo.

Tú mira bien a tu alrededor, seguro que tienes no una, sino miles de manos dipuestas a sacarte de ese hoyo donde pareces haber caido. De todos modos y, por si te sirven de algo, yo te presto las mías :D. Un besito.