
Mañana mismo se cumple una semana desde que empezara mi nueva vida. Aunque ha habido más cambios de los esperados, sobre todo a nivel personal, tengo que reconocer que después de valorar lo positivo y lo negativo, el resultado es ligeramenete positivo, algo raro en mí ( va a ser que lo del optimismo está surtiendo efecto).
El principal motivo de que mi balance resulte positivo es sin duda mi trabajo. Jamás pensé que estar encerrada en la Clínica 8 horas pudiera resultarme tan apasionante, pero realmente lo es. No es que haga nada del otro mundo, de hecho la única diferencia entre mis rotaciones de estudiante y mi situación actual es que llevo una bata con mi nombre bordada; por lo demás sigo siendo la sombra de mi resi mayor.
Y entonces, ¿por qué ese optimismo? La respuesta no es sencilla, porque aún no he tenido el gusto de salvar ninguna vida, pero sentir que he acertado con la especialidad que he escogido es un claro motivo de alegría.
Por si alguien no lo sabe, estoy haciendo Hematología y reconozco que cada día que pasa me enamoro más y más de la misma. He de admitir que es una especialidad muy dura, ya que la mayoría de los pacientes que vemos, afectos muchos de ellos de Linfomas y otros cánceres, no tienen una esperanza de vida mucho mayor de 10 años; pero al tiempo es muy gratificante, puesto que un buen diagnóstico y un tratamiento correcto es de vital importancia, y eso resulta apasionante, por lo menos para mí.
Como ya he dicho de momento no he hecho demasiado. Por las mañanas paso planta por la Clínica, viendo a los pacientes ingresados, y por las tardes tenemos cursillos de formación (antibioterapia, urgencias, RCP...). Poco tiempo nos queda para ocio personal, aunque en mi caso no me importa demasiado; nunca he sido muy juerguista y ahora mismo tampoco tengo el cuerpo para mucha marcha, pero ya llegará.
De momento eso es todo. Un millón de besos para todos los que me habéis acompañado estos meses y ¡hasta pronto!
El principal motivo de que mi balance resulte positivo es sin duda mi trabajo. Jamás pensé que estar encerrada en la Clínica 8 horas pudiera resultarme tan apasionante, pero realmente lo es. No es que haga nada del otro mundo, de hecho la única diferencia entre mis rotaciones de estudiante y mi situación actual es que llevo una bata con mi nombre bordada; por lo demás sigo siendo la sombra de mi resi mayor.
Y entonces, ¿por qué ese optimismo? La respuesta no es sencilla, porque aún no he tenido el gusto de salvar ninguna vida, pero sentir que he acertado con la especialidad que he escogido es un claro motivo de alegría.
Por si alguien no lo sabe, estoy haciendo Hematología y reconozco que cada día que pasa me enamoro más y más de la misma. He de admitir que es una especialidad muy dura, ya que la mayoría de los pacientes que vemos, afectos muchos de ellos de Linfomas y otros cánceres, no tienen una esperanza de vida mucho mayor de 10 años; pero al tiempo es muy gratificante, puesto que un buen diagnóstico y un tratamiento correcto es de vital importancia, y eso resulta apasionante, por lo menos para mí.
Como ya he dicho de momento no he hecho demasiado. Por las mañanas paso planta por la Clínica, viendo a los pacientes ingresados, y por las tardes tenemos cursillos de formación (antibioterapia, urgencias, RCP...). Poco tiempo nos queda para ocio personal, aunque en mi caso no me importa demasiado; nunca he sido muy juerguista y ahora mismo tampoco tengo el cuerpo para mucha marcha, pero ya llegará.
De momento eso es todo. Un millón de besos para todos los que me habéis acompañado estos meses y ¡hasta pronto!